Veracruz

Pese a discapacidad, Héctor no recibe pensión del Bienestar en Veracruz

Pese a discapacidad, Héctor no recibe pensión del Bienestar en Veracruz
Por Ángel Cortés Romero | Jueves, Septiembre 29, 2022 |
Debido a la ceguera, Héctor ha dejado de realizar actividades que le generaban ingresos e incluso, tuvo que abandonar su profesión

A punto de quedarse ciego por la retinitis pigmentaria que padece desde hace 30 años, Héctor Leopoldo Romero Vázquez sobrevive con su madre y su hermano en una vecindad del puerto de Veracruz, sin acceso a una Pensión para el Bienestar por su discapacidad visual.

La enfermedad lo dejó ciego del ojo derecho y con un porcentaje mínimo de visión en el izquierdo, factor por el que abandonó su profesión de médico. Su único ingreso lo recibe de su trabajo como acupuntor, pero los pacientes son muy pocos a raíz de la pandemia de la covid-19.

Según las reglas de operación de la Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad Permanente, quienes pueden recibir el apoyo son niños, niñas y jóvenes de cero a 29 años; personas de 30 a 64 años que habiten en comunidades indígenas o afromexicanas; y personas con muy alto o alto grado de marginación.

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Héctor no cumple con ninguno de los tres requisitos debido a que tiene 55 años, no habita en una comunidad indígena o afromexicana, ni cuenta con un alto grado de marginación pese a las desventajas económicas que sufre por su discapacidad visual.

“Una pensión del Bienestar me ayudaría mucho, sería un buen apoyo”, señala el médico, quien lleva unos lentes negros para que la poca luz que percibe no lastime su ojo izquierdo.

El apoyo de dos mil 800 de la Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad Permanente no deja fuera sólo a personas como Héctor, que no forman parte del público objetivo del programa federal creado en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

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Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), el programa cuenta en 2022 con un presupuesto aprobado de 20 millones 37 mil 52 pesos y atendió a 927 mil 790 beneficiarios de todo el país en el primer trimestre del año, que es solo el 61.2 por ciento de la población objetivo en 2021, de un millón 515 mil 841 personas con discapacidad permanente.

Para Héctor, crisis continúa tras la pandemia

“Es muy mala”, Héctor mueve la cabeza en señal de reprobación al mismo tiempo que habla de su situación económica. La pandemia de la covid-19 agravó las desventajas que tanto él como su hermano Gregorio, quien tiene la misma enfermedad, ya sufrían desde hace años por la pérdida gradual de la vista.

Antes de que la contingencia sanitaria empezara hace 30 meses, el médico puso su propio negocio de acupuntura con la asistencia de su hermano, quien tiene un mayor porcentaje de visión. Los pacientes son pocos y los ingresos de ambos hermanos a veces no les alcanzan para pagar la renta de la casa donde viven con su madre María Teresa, de 78 años.

Tiene un hijo de 35 años, Héctor Alan, con quien sólo se comunica por teléfono. Aunque trabaja en la Ciudad de México, no lo ayuda. “Al contrario, me pide”, platica.

La casa donde vive está ubicada dentro de una vecindad de la calle Flores Magón, en la colonia Zaragoza, a una cuadra del bulevar Manuel Ávila Camacho, en Veracruz. El costo de la renta subió de tres mil 800 a cuatro mil 400 pesos este año.

“He recibido ayuda de otras personas, familia, la iglesia a la que yo acudo, también he recibido ayuda de parte de ellos para ir saliendo”, dice.

Los gastos mensuales en casa, entre la renta y los servicios, ascienden a aproximadamente ocho mil pesos que tanto él como su hermano pagan. El desánimo embarga a Héctor, pues últimamente el dinero no les alcanza y la retinosis pigmentaria, a punto de dejarlo ciego, no le permite dar consultas como médico ni que trabaje en otras actividades.

“Hace unos años todavía podía ver, tenía mi visión central, aunque era muy pequeña podía ver, todavía me era más fácil trabajar y moverme. Ahora que ya prácticamente no veo, me he angustiado y preocupado más, sobre todo porque mi madre vive con nosotros y tenemos que solventar los gastos, sí ha sido bastante preocupante”, comenta.

Aunque busca acceso a la Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad Permanente desde el inicio de la administración de Andrés Manuel López Obrador para desahogar sus gastos, su situación es la misma desde hace cuatro años.

Sus compañeros del Centro de Educación Especial de Trastornos Visuales (Ceetvac), donde estudia el sistema braille desde hace 18 años en el puerto de Veracruz, le dijeron hace unos meses que la convocatoria fue relanzada. Los Servidores de la Nación le pidieron que espere, pero lo hace con frustración.

"Traté de quitarme la vida”

Héctor Leopoldo comenzó a perder la visión por la retinitis pigmentaria a sus 25 años, cuando estudiaba el último año de la carrera en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma Nacional de México (UNAM) en la Ciudad de México.

El primer síntoma que sufrió fue la ceguera nocturna. Veía bien durante el día, pero tropezaba y chocaba con objetos por las noches. Ningún médico del Hospital de la Ceguera ni del Hospital de la Luz pudo darle un diagnóstico; lo supo hasta que uno de maestros se lo dijo.

“Para mí fue un shock por saber que el diagnóstico era malo. No iba a perder la vida, pero sí la vista. Fue muy fuerte, de más chavo sí tuve pensamientos de ‘antes de que pierda la vista, me quito la vida”, externa.

Héctor se mueve con ayuda de un bastón con el que sube a los camiones para trasladarse a su local de acupuntura o a la Escuela de Ciegos, en donde continúa aprendiendo el sistema braille y toca la jarana. Sólo alcanza a ver algunas cosas a contraluz. Con sus manos identifica los objetos y para atender el celular y la computadora utiliza aplicaciones lectoras.

La retinitis pigmentaria lo alejó de su sueño de ser un médico cirujano, de su gusto por la práctica del deporte. Hace años que no puede ver una película, pero lo que más le duele es que no puede leer libros. Sus sueños y necesidades cambiaron a causa de su discapacidad visual.

“Espero que la pensión del Bienestar llegue pronto, porque sí la necesitamos”, concluye.

ys

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