Opinión

¿Y ahora qué?

Martes, Junio 7, 2022
Leer más sobre Roberto Rock
Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Fue Subdirector Editorial de El Universal y Director Editorial General de El Gráfico y de El Universal.  Actualmente, es vicepresidente de la Comisión Contra la Impunidad de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
¿Y ahora qué?

El balance de la cita con las urnas de este domingo en seis estados permite al menos cinco conclusiones iniciales, con lecciones tanto para el oficialismo que encarna el presidente López Obrador como para la alianza opositora. Estas son:

             1.- La ola guinda tiene sus limitaciones. La consulta por la revocación de mandato fue el primero de tres ensayos de movilización de votantes morenistas, con apego a la ley o brincándosela. Pero se jugó en solitario. En las elecciones de 2021, en cambio, alcanzó para mucho, pero no para todo, como quedó demostrado ahora. Morena y sus satélites apostaron a fondo en Aguascalientes y en Durango, pero toparon con tres tipos de resistencia: la solvencia de la autoridad electoral, sólidos operativos contrarios y el prestigio que el PAN conserva en el primer caso, y el PRI en el segundo. Esto último pudo haber provocado la diferencia en Tamaulipas.

            2.- Las dudas del bloque opositor. La fractura mostrada en Quintana Roo y en Oaxaca, que debe achacarse a las dirigencias del PRI y PAN, provocó que los abanderados de Morena, respectivamente María Elena Lezama y Salomón Jara, tuvieran un día de campo, frente a adversarios dispersos, con votaciones ínfimas. Nadie podría firmar hoy que la alianza opositora resistirá las tentaciones de fragmentarse incluso en los comicios del próximo año en el Estado de México y Coahuila. Más remota parece la posibilidad de que Movimiento Ciudadano se sume a ese bloque.

            3.- No, todavía no hay “tiro”. El presidente del PAN, Marko Cortés, exclamó por la noche del domingo que, a raíz de lo ocurrido en la jornada, la oposición puede plantar cara a Morena y a sus aliados en 2024. Pero el flanco adverso a López Obrador y al conjunto del oficialismo luce aún ayuno de rostros bien definidos, con aspecto y cartas credenciales ganadoras, que ya deberían tener presencia nacional. Tampoco ha logrado una narrativa para atraer a los millones de ciudadanos subyugados por la promesa presidencial, aun incumplida, de acabar con la corrupción y la pobreza. Sería miope calcular que tales reclamos sociales se desvanecerán en 24 meses. Por la ruta actual, el “tiro” de 2024 derivará en seis años más de obradorismo, con el solo argumento de que los dejemos acabar el trabajo…, cualquier cosa que eso signifique.

            4.- El INE, territorio bajo acoso. El mensaje de Lorenzo Córdova al abrir la jornada dominical sonó como una voz en el desierto porque ninguno de los actores centrales aquilató públicamente la celebración de un proceso más a los que ya todos estamos acostumbrados, que resultan impecables en cuanto a organización, entrega y recuento de los votos. Pero en democracia ningún avance es irreversible. Puede darse por descontado que el acoso sobre las autoridades electorales continuará. Debe entenderse que la defensa de estas debe ser igual de consistente.

            5.- Edomex, próxima estación. La entidad que gobierna Alfredo del Mazo -y en menor medida, Coahuila bajo Miguel Riquelme, también priista- representará la última llamada antes de la puesta en escena del 2024. Higinio Martínez, Delfina Gómez y Horacio Duarte -un bloque fundado por el primero hace décadas-, principales candidatos a la postulación de Morena, intentan llegar a la cita sin fracturas. Reto similar tiene el frente opositor, donde despuntan la priísta Alejandra del Moral y el panista Enrique Vargas. El propio peso político y electoral del solar mexiquense -más de 12 millones de votantes- supone un riesgo de desequilibrio en cualquier mesa de negociaciones, pues los actores saben de antemano todo lo que está en juego. ([email protected]).  

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